Traduijmos la extensa entrevista de revista Rolling Stone a U2 sobre su nuevo disco «Carnaval de Luz», la recuperación de Larry, su trabajo con Brian Eno y Dolly Parton, qué tiene que ver Rosalía en el álbum, Gaza/Israel, los EP sorpresa, más discos y el futuro/retiro.
Por qué se trata menos de reflexionar y más de volver a soñarlo todo.
La banda profundiza enormemente en cómo recuperó su actitud arrolladora en Carnaval De Luz, con la ayuda de Brian Eno, la fallecida Dolly Parton, Rosalía y el valiente cirujano de cuello de Larry Mullen Jr.
Por Brian Hiatt
Fotografía de Viviane Sassen
A día de hoy, han pasado exactamente 49 años y 342 días desde que los cuatro miembros de U2 se reunieron por primera vez, y todavía no se han hartado los unos de los otros. O tal vez sí. «Mira, han sido 50 años de infierno», dice Larry Mullen Jr., sentado con sus tres compañeros de banda en una mesa al aire libre, a pocos pasos de los tonos pastel puntillistas del Mediterráneo. Luce impecable, como siempre, con un polo negro y gafas Wayfarer, y su eterno peinado con tupé y los laterales rapados. «O sea, sinceramente, tener que reunir a estos tipos, lograr que se pongan a tocar las canciones… ha sido duro. Y luego, cuando llega la hora de las giras… vale, la escenografía y todo eso, pero, Dios santo, los cortes de pelo. Y tener que verlos desde atrás. Sinceramente, ha sido duro».
«La etapa del corte mullet debió de ser terrible», comenta The Edge, una vez que todos recuperan el aliento tras las risas.
«¡Él solo llevaba la fiesta en la parte de atrás!», añade Bono.

Es un día hermoso —inevitablemente— aquí, a principios de septiembre en la Riviera francesa, a apenas unas 900 millas del lugar donde nació la banda: la cocina de la infancia de Mullen en Dublín. Dentro de tres semanas, estos cuatro músicos celebrarán el 50.º aniversario de U2 de la manera menos retrospectiva posible: anunciando Carnaval De Luz, su primer álbum con material inédito en nueve años, cuyo lanzamiento está previsto para el 13 de noviembre. Su primer sencillo, «Street of Dreams», resultó ser una especie de maniobra de distracción: un momento tranquilizador y fiel al estilo clásico de U2 dentro de un álbum más inclinado hacia el riesgo, la ambición y una energía áspera. Su tema central es lo que The Edge denomina «alegría desafiante» en tiempos oscuros; de ahí la ambientación de carnaval, que conlleva muchas más letras en español de las que cabría esperar de un cuarteto profundamente irlandés
«El disco se gestó durante el que, probablemente, haya sido el periodo más convulso que cualquiera de nosotros haya vivido», comenta Bono, quien últimamente ha empezado a percibir la acción del mismísimo diablo en el mundo. «No a nivel personal, sino global». Señala que un nuevo documental sobre Ucrania, Black Sunflowers, comienza con una fiesta rave en medio de la devastación de la guerra, y cita las palabras del escritor Dan Savage sobre la vida queer durante la crisis del sida: «Enterrábamos a nuestros amigos por la mañana, protestábamos por la tarde y bailábamos toda la noche… Era por el baile por lo que luchábamos».
«No se trata de esconder la cabeza bajo tierra», continúa Bono. «Es simplemente decir: «Esta gente no puede controlar nuestro estado de ánimo». Ni siquiera hace falta ponerles nombre, porque cada uno tiene su propia versión de quiénes son».
Reunir el espíritu necesario para crear un gran álbum de U2 a estas alturas conlleva una forma particular de desafío. «Tengo que romper con el pasado», canta Bono en el tema de apertura —«Go (Carnaval De Luz)», una canción agradablemente discordante, inspirada en Suicide y con la colaboración de Brian Eno—, planteando una declaración de intenciones que resuena con aquel «estoy listo para lo que viene» de «Zoo Station». «Y lo que es más importante», añade el líder de la banda sentado a la mesa, retomando su propia frase al estilo característico de Bono, «cada vez que un grupo como U2 entra en el estudio, es como si tuvieras que romper y reconciliarte. Es algo difícil de decir, pero creo que en parte es cierto. O, al menos, hay álbumes decisivos en los que sabes que tienes que empezar de nuevo».
Detenganlos si ya habían oído esto antes. En un concierto en Dublín, la víspera de Año Nuevo de 1989, apareció en el escenario con un sombrero de vaquero negro y dijo al público: «Tenemos que marcharnos y volver a imaginarlo todo». La banda se embarcó en una espectacular etapa marcada por el cuero y el neón durante la década siguiente, para acabar temiendo haberse ahogado en la electrónica con el álbum Pop de 1997 (aunque temas como «Mofo» sigan vigentes). Regresaron a lo básico —músicos tocando juntos en la misma sala— con All That You Can’t Leave Behind, aunque no del todo, ya que nunca antes habían compuesto canciones tan sencillas y cargadas de alma. Veintiséis años después, Carnaval De Luz se percibe como un nuevo punto de partida, en un momento en el que cualquiera que no se llame Mick o Keith podría estar pensando, con toda lógica, en la meta. Contenido relacionado.
Su fuente de inspiración no ha cambiado. «La fe está en el corazón mismo de esta historia llamada U2», dice Bono. El sombrero que lleva hoy —y que se ha quitado al sentarse a la mesa— es un modelo rústico de paja; sus gafas de sol son naranjas, reflectantes y de lentes redondas, al estilo de John Lennon. Viste lino gris oscuro de pies a cabeza; sus pies asoman por unas sandalias de cuero negro. Detrás de él, junto a la valla blanca del restaurante, se alza un limonero de aire vagamente bíblico. «Fe los unos en los otros, supongo. Fe en nosotros mismos, fe en la comunidad que nos trajo hasta aquí. Fe en que algo más grande que nosotros nos impulsaba a favor».

Aun así, The Edge afrontó el proceso con interrogantes. Está sentado a la derecha de Bono y casi podría pasar por su guardaespaldas, con la gorra de béisbol negra calada hasta los ojos y una cadena de oro sobre la camiseta negra. «¿Seguimos siendo relevantes?», recuerda haber preguntado el guitarrista. «¿Tenemos algo que decir que le interese a alguien? Que seamos relevantes o no, no depende de nosotros. Pero podemos decidir intentar serlo, y eso es lo que decidimos». No fue, añade, «un pensamiento agobiante. Fue más bien un impulso, una urgencia. Como decir: «hay que hacer que esto importe». Y, ante todo, para nosotros mismos».
El nuevo disco
Carnaval De Luz guarda coherencia con los dos EP que la banda publicó a principios de año: Days of Ash y Easter Lily. Como deja claro una próxima edición de lujo, el conjunto constituye esencialmente un álbum doble estructurado en torno al calendario litúrgico, concebido para escucharse en ese orden: Carnaval, Cuaresma, Pascua. También cabe entenderlo como un ciclo eterno, ya que los sonidos finales del EP de Pascua resultan ser las primeras notas de Carnaval. «Pedirle a un mundo fatigado que siga el calendario litúrgico quizá sea pedir demasiado», comenta Bono con una sonrisa, «incluso a nuestros seguidores más fervientes. Pero tal vez no. Es un proyecto artístico».
En la letra de una canción del segundo EP, Bono toma prestada la primera parte del título de un libro que le encanta: The Death and Resurrection Show: From Shaman to Superstar (El espectáculo de la muerte y la resurrección: del chamán a la superestrella), obra que desentierra las raíces míticas del mundo del espectáculo. Si formas parte de U2, claro está, esa es la naturaleza del oficio, que cuenta incluso con su propio calendario litúrgico. Te reinventas constantemente; a veces te alejas tanto que terminas perdiéndote. Puede que te desvíes para componer canciones sobre Spider-Man. Pero siempre encuentras el camino de vuelta a casa, aunque nunca regresas exactamente igual. Entras y sales de moda, intentas salvar un mundo que no parece querer ser salvado y tal vez apareces sin invitación en cientos de millones de teléfonos, todo ello mientras alcanzas continuamente la trascendencia y la elevación en estadios de fútbol. Y es posible que debas aprender las mismas lecciones una y otra vez.
«Nos llevó mucho tiempo darnos cuenta de que cuanto menos añades a una grabación, mejor suena», dice Adam Clayton, quien luce un elegante bigote plateado. Para ir a juego con el aire carnavalesco, ha elegido una camisa tropical de Casablanca, decorada con coloridos dibujos de boxeadores. «Y, en realidad, el sonido de la banda es más que suficiente».
«La fe está en el corazón mismo de esta historia llamada U2», dice Bono. «Fe los unos en los otros. Fe en nosotros mismos, fe en nuestra comunidad, que nos trajo hasta aquí».
«Aprendemos despacio», dice Mullen, quien vivió su propia resurrección lenta y privada para este álbum, tras sufrir una lesión en el cuello que llevó a los médicos a aconsejarle que se retirara. «Aprendemos muy despacio».
Dolly Parton
A principios de junio, menos de tres meses antes de su muerte, una Dolly Parton ya enferma se acercó al micrófono y grabó la última pista vocal de sus 70 años de carrera. «Nada duele más a una madre», cantaba —con una voz que imponía aún más respeto gracias a su ligero temblor—, «que una familia en guerra». La canción era «Torn», un dúo con Bono que se convirtió en el tema final de Carnaval De Luz. «Cuando enfermó, se levantó de la cama para cantar esta canción», cuenta Bono. «Y eso se nota. Yo mismo soy incapaz de escucharla ahora».
En los instantes finales de la canción, The Edge percibe en la voz de Parton algo más antiguo que la música country. «Al final suena como un lamento», comenta, «como el lamento fúnebre irlandés. Y ella lleva eso en la sangre». Sus últimas palabras: «Todo corazón está desgarrado».
Bono llevaba meses intentando convencer a Parton, inicialmente para un proyecto paralelo de raíces irlandesas que aún estaba en desarrollo. «Hay todo un cortejo de por medio», explica Bono, quien le regaló una gaita por su cumpleaños. «Hay una persecución. Dolly Parton es una mujer descarada y vivaz… El coqueteo forma parte de su personalidad y no quiere dejarlo atrás. Esa es una de las razones por las que la admiro tanto». Le puso un par de bocetos por teléfono, incluido uno titulado «Lifelong». «Ella dijo: «Eso es demasiado irlandés»», recuerda él.
«No estaba por la labor», añade el productor del álbum, Garret «Jacknife» Lee, quien ha trabajado con U2 de forma intermitente desde How to Dismantle an Atomic Bomb (2004). «Y es comprensible, porque las canciones no eran las adecuadas». Recuerda que Parton les dijo a U2, en esencia: «Sí, quiero hacer una canción. Lo que pasa es que no me habéis dado ninguna que yo pueda cantar».

Así que ella envió una canción propia, «Torn», un relato sobre una mujer que intenta decidirse entre dos hombres. Bono vio potencial en ella, pero él y Johnny McDaid —de Snow Patrol y colaborador en este proyecto de folk— reescribieron la letra centrándola en una madre angustiada por la división entre dos hijos. Bono consideró titularla «Civil War» (Guerra Civil). Al incluir su voz en la mezcla, sabe que la canción evoca las divisiones en Irlanda, pero también podría referirse a la nación de Parton o a cualquier otra tierra en conflicto. «Ponle el nombre que quieras al lugar», dice Bono, «pero todo el mundo sabe de qué se trata… En Estados Unidos, por ejemplo, la gente teme las reuniones de Acción de Gracias». Al principio, Bono quería que el tema se inclinara hacia el «folk de ciencia ficción» —una descripción que recuerda a la participación de Johnny Cash en el álbum Zooropa—, pero Lee lo recondujo hacia un enfoque más realista. «Es Dolly Parton; no quieres dejar fuera a quienes la adoran», comenta el productor. Daniel Lanois añadió una pedal steel guitar, y Mullen remató la canción con una pista de batería evocadora y con eco, inspirada en una de las mejores producciones de Lanois: «Most of the Time», de Bob Dylan.
A Bono no le resultó fácil decidir cómo cantar junto a Parton, así que optó por la contención. Como le escribió a ella: «Simplemente me aparté de tu camino… Pensé: «¿Qué voy a hacer? Básicamente, tendré que hablar y dejar que ella haga lo suyo»». Ella cantó con el alma; cuesta creer que sea una mujer de ochenta años.
Para gran alivio de la banda, Parton dio el visto bueno a la mezcla final. «A Dolly le encantó», dice Lee. «Estaba muy orgullosa de su interpretación vocal… Estábamos muy nerviosos por si se sentía incómoda con el resultado, pero le fascinó».
The Edge considera que Parton representa «el centro radical, que en este momento se está convirtiendo en una especie de tierra de nadie… Nosotros mismos tenemos aspiraciones en ese ámbito, pero la situación se ha polarizado tanto que resulta muy, muy difícil no acabar siendo atacados por ambos bandos… Sin embargo, ella logró ser aceptada por ambas partes y querida por todos. Es algo extraordinario. Y lo consiguió, como señaló hoy Bono, gracias al humor. El humor fue su arma secreta. Y resulta que ningún tirano tiene defensa contra el humor».
La cancíon sobre Rosalía
Otro espíritu femenino, este muy vivo, preside el cuarto tema de Carnaval De Luz. Se titula «The Mirror Maker (Rosalía)» y trata, de hecho, sobre la cantante española. «Normalmente solo escribimos canciones sobre personas encarceladas o fallecidas», comenta Bono. «Ya sabes: héroes muertos o intentos de sacar a alguien de prisión. En este caso, simplemente celebramos a alguien por el hecho de ser una artista extraordinaria». Al igual que la mayoría de los melómanos apasionados, Bono está obsesionado con Rosalía y su obra maestra de 2025, Lux; un álbum que se le adelantó a la hora de abordar muchos de los temas que él quería explorar, incluido el propio título (Lux/Luz). «Ella llegó al mismo punto justo antes que nosotros; es algo que resulta molesto y, a la vez, muy inspirador», afirma Bono, quien cree que ambos comparten el objetivo de lograr «el reencantamiento del mundo» a través del arte.
La canción, que arranca con un potente riff de guitarra acústica digno de Pete Townshend, surgió hacia 2017 a partir de una maqueta de The Edge titulada «Kuti Rocker», en referencia a la influencia de Fela Kuti. En distintas etapas también se la conoció como «Delilah» y «Child of the Age». «La versión que incluimos en el álbum es la número 196», señala Lee. «Con una letra totalmente distinta. Fue una canción muy difícil de hacer, porque empezó como un tema de rock & roll con guitarras eléctricas, y nosotros no parábamos de intentar devolverla al estilo de Ziggy Stardust o algo así, con guitarras acústicas… El rock & roll puede resultar bastante masculino, y cuando esa masculinidad es excesiva, echa para atrás. Así que hace falta un toque de feminidad; por eso creo que lo de Bowie funciona, y lo de T. Rex también… Sencillamente, no es ese rock de machos».
«The Mirror Maker (Rosalía)» supone un cambio de rumbo para U2. «Normalmente, simplemente escribimos canciones sobre personas en la cárcel o héroes fallecidos», dice Bono.
Más o menos a mitad de camino de esas 196 versiones, según los cálculos de Lee, la canción encontró su tema. «¿Por qué cantamos sobre Rosalía?», recuerda Lee que preguntaba la banda. «¿Qué relevancia tiene?»
La respuesta de Bono se remonta a The Death and Resurrection Show, libro que leyó por primera vez en los años noventa. («La «magia» del mundo del espectáculo es magia real», sostiene el autor Rogan P. Taylor, vinculando a los artistas con el chamanismo. «Extrae su poder de un acervo religioso inmensamente rico». El libro también afirma que los antiguos chamanes solían perder a uno de sus progenitores a temprana edad, un dato que sin duda llamó la atención de Bono). «Todos tenemos que lidiar con cierto narcisismo», dice Bono. «El mero hecho de escribir, o de pensar que a alguien deberían interesarle tus ideas… es muy fácil perderse en el espejo ahí. O simplemente en lo que se refleja a tus espaldas mientras te miras al espejo: el mundo que tienes detrás». Mientras habla, me veo reflejado en sus gafas de sol. «Pero hay artistas que quieren atravesar el espejo y ver qué hay al otro lado. Patti Smith fue una de ellas para mí cuando crecía. Hay muchos. No los suficientes… Sin duda, Rosalía es una de ellos. Y está esa idea de que somos cuerpo, alma y espíritu. Esa idea algo anticuada, pintoresca. Y ella la aborda con gran valentía y un gran sentido del humor que resta importancia a su propia figura… No solo existe la física, también la metafísica».
«Resulta un poco embarazoso que ella se hiciera tan popular antes de que nosotros sacáramos la canción», añade. «Pero eso no me importa. Todo el mundo sabía quién era Martin Luther King también».
No se sentía nada cómodo publicando la canción sin el permiso de la artista, así que contactó con una amiga común, Penélope Cruz, presa de cierto pánico. «Llamé a Penélope: «¿Qué voy a hacer?»», cuenta. «“Simplemente llámala”… y yo pensaba: “Parecería un acosador”». Rosalía, comenta él, se tomó el asunto con humor y «me ha animado mucho, además de hacerme reír un montón»; han intercambiado mensajes y hablado de su admiración compartida por el poeta Federico García Lorca. Aún no la ha conocido en persona. «Creo que ahora mismo no podría conocerla. Estoy reuniendo el valor para enviarle la mezcla final».
La canción comienza con el falsete de Bono, «imitando su registro de soprano», según sus propias palabras. «La idea era intentar convencer a Rosalía para que lo hiciera», dice Lee. «Pero luego nos dimos cuenta: ¿por qué alguien cantaría en una canción que trata sobre esa misma persona? No tiene ningún sentido. “¡Escúchame cantar lo maravillosa que soy!”. A mí me parecía que él sonaba genial haciéndolo, así que pensé: ¿por qué íbamos a cambiarlo?».

U2 sin Larry
En marzo de 2024, Larry Mullen Jr. asistió a su primer concierto de U2 como parte del público. En aquel momento, no estaba nada claro si volvería a poder tocar. Para su serie de 40 actuaciones en el Sphere de Las Vegas, sus compañeros de banda reclutaron a un batería sustituto, Bram van den Berg. Mullen esperó hasta el concierto número 39 para verlos. «Simplemente no quería llamar la atención», comenta, aunque esa no era su única reticencia.
La personalidad de Mullen es tan intensa como su forma de tocar la batería; incluso cuando bromea, la fuerza de su mirada puede resultar intimidante. Lee admite que en una ocasión sintió «miedo de Larry como persona», preguntándose si Mullen podría llegar a golpearle por algún comentario desafortunado. Todo eso cambió en esta ocasión: ambos pasaron horas juntos hasta tarde en el estudio, probando distintos enfoques de percusión por su cuenta, algo que Mullen nunca había hecho para ningún otro álbum.
Durante su convalecencia, Mullen canalizó toda esa energía hacia su interior. «Sientes cierta humillación cuando te lesionas y no logras superarlo; yo me sentí humillado», dice, sentado a la misma mesa frente a la playa a la tarde siguiente, dispuesto a hablar en profundidad, por primera vez, sobre su camino de regreso a U2. «Y es algo mío… son mis propios demonios».
La idea de verse de repente fuera de un colectivo del que siempre habías sido el corazón parece una pesadilla, pero «no fue tan malo como cabría pensar», asegura Mullen. «La banda estaba haciendo lo que tenía que hacer. Esas partes de batería son mías; son partes que toqué cuando era joven, muchas veces sin saber realmente lo que hacía. Y escuchaba a Bram tocarlas muy bien, y me sentía agradecido por ello. Es algo extraño de decir, pero así era. Porque no tenía la sensación de haberme quedado atrás. Todos esos sentimientos eran míos; eran sentimientos personales de humillación. Pero no tenían que ver con la banda. Iban dirigidos hacia mí mismo».
Durante años, Mullen fue muy consciente de un problema en el cuello: una fusión congénita en una articulación facetaria. Habría estado bien de no ser porque continuamente agravaba la lesión al golpear cosas con fuerza como parte de su trabajo. «Si no te dedicas a lo mío, realmente no lo notarías», comenta, «y logré sobrellevarlo durante años». Sin embargo, durante la etapa de 2019 de la gira Joshua Tree de U2, la situación empezó a cambiar. Sentía dolor, y el tratamiento médico que necesitaba cada noche para poder tocar le estaba perjudicando a largo plazo. «Para cuando terminé la gira, estaba realmente mal».
Estaba agotado tras años incesantes de giras, pero aun así daba por hecho que se recuperaría. «Simplemente pensaba que siempre me recupero», dice. «Siempre salgo adelante… Necesitaba un tiempo de descanso. Aunque habría preferido reservar un vuelo a algún sitio en lugar de reservar una camilla en el hospital». Cuando llegó el covid, Mullen dejó de tocar por completo. «No tocaba la batería en el búnker porque me dolía demasiado. Fue durante el covid cuando me di cuenta de que estaba físicamente dañado de forma irreparable… Me detuve —todos lo hicimos— y mi cuerpo simplemente dijo: «Ya has tenido suficiente»».
«No sabíamos si Larry iba a volver», dice Clayton. «¿Podríamos seguir adelante? ¿Querríamos seguir adelante? Esa sigue siendo una incógnita».
Aun así, Mullen aceptó inicialmente la residencia en el Sphere cuando surgió la propuesta, allá por 2022. «Me apunté para hacerlo», comenta. «Pero un par de semanas después, mi fisioterapeuta me dijo: «No vas a aguantar los ensayos. Tienes que echarte atrás». Y eso fue muy difícil, muy complicado de deshacer, porque ya había adquirido un compromiso».
No le supuso ningún problema que sus compañeros de banda siguieran adelante sin él. «Lo entendí perfectamente», afirma. «Los negocios son los negocios y nada puede interferir en el proceso; lo acepto al cien por cien. Así que esa regla no escrita» —la de que un miembro de la banda podía ser sustituido sobre el escenario— «se aplicó a mí en este caso. Podría aplicarse a cualquier otro en otra situación. Es el precio de dedicarse a esto. Es complicado compaginar la amistad, el buen trato y los negocios. Así que sí, todos tenemos sentimientos. No voy a negar que fue duro, pero nadie me obligó a hacerlo».
Al ver a U2 actuar sin él, pensó en aquellos músicos que habían sido reemplazados en sus bandas «por puro capricho del cantante». «Pensé en… cómo debe de sentirse eso», dice. «Yo no tuve esa sensación».
Al comenzar la serie de conciertos en el Sphere, Mullen se reunió con sus compañeros en el estudio para grabar el sencillo puntual «Atomic City» y participar en su videoclip. «Estábamos en ese punto en el que no sabíamos si sería la última vez que tocaría con nosotros», comenta Clayton. Los bajistas y los baterías comparten un vínculo único, y Clayton considera su relación con Mullen casi como un matrimonio. Tocar con otro batería le resultaba «muy promiscuo», confiesa, por mucho que admirara la destreza musical de van den Berg.
El futuro de la banda se antojaba incierto. «No sabíamos si Larry volvería», dice Clayton. «¿Podríamos seguir adelante? ¿Querríamos hacerlo? Es una incógnita que aún persiste». Pero The Edge afirma que Carnaval De Luz solo existe porque Mullen regresó. «No creo que hubiéramos hecho un álbum si Larry no hubiera podido tocar», comenta. «Simplemente habríamos pensado: «¿Para qué? ¿Por qué hacer un disco sin Larry Mullen? No parece lo correcto»».
Rock progresivo
De vuelta en la mesa donde almuerzan, los miembros de U2 comparten parte del pescado entero a la parrilla que pidió Clayton y conversan, con sorprendente extensión, sobre rock progresivo. Durante años, Bono ha presentado el rock progresivo —o una vaga caricatura del mismo— como una especie de «coco» musical que encarna todo aquello que U2 intentaba evitar. Para él, más que un género real que oscila entre la genialidad (King Crimson, Rush) y el ridículo (Tales From Topographic Oceans o aquel infame espectáculo de Rick Wakeman sobre hielo basado en Camelot), se trataba de una etiqueta simplista: atmósfera, pretenciosidad y autocomplacencia frente a las melodías pegadizas y la inmediatez.

«Crecimos escuchando sencillos de rock & roll en vinilo de 45 revoluciones», me dijo en 2009. «Es, con diferencia, lo más difícil de lograr y constituye la esencia misma del rock & roll: vitalidad, concisión y capacidad de enganchar al oyente, ya se trate de los Sex Pistols, Nirvana, Pixies, Beatles, The Who o Rolling Stones… Y cuando el rock se olvida del formato de sencillo, tiende hacia el rock progresivo, que es como el moho que crece sobre artistas veteranos y agotados que se han quedado sin ideas. Nuestra banda tiene una vertiente más cinematográfica o al estilo de Pink Floyd, pero eso debe equilibrarse con una buena composición de canciones». Más tarde, Bono llegó a la conclusión de que el álbum que U2 estaba grabando durante aquella conversación, No Line on the Horizon, sufría una «infección» de rock progresivo. Por ello, envió a la banda a lo que él describió como una «escuela de composición» para preparar sus dos siguientes discos: Songs of Innocence (2014) y Songs of Experience (2017).
Resulta que a The Edge, en realidad, le gusta el rock progresivo; en particular Yes, una banda que idolatró hasta el punto de escribir su nombre en sus jeens cuando iba al instituto. Y Bono tiene algo que decirle al respecto. Habla de cuánto le debe U2 a sus productores, lo que le lleva a mencionar a Brian Eno. Durante la grabación de The Unforgettable Fire, Eno insistió en que la banda escuchara en bucle «State of Independence» —una obra maestra de Donna Summer producida por Quincy Jones— hasta que la canción «se convirtiera en una oración, que es lo que realmente es», según Bono. La canción se quedó grabada en la mente del cantante durante los siguientes cuarenta años, pero no fue hasta hace poco cuando, al buscar información en internet, descubrió que Jon Anderson, el antiguo vocalista de Yes, había participado en su composición.
Así que Bono escuchó algunas canciones de Yes por primera vez en su vida. En los armónicos cristalinos de la guitarra de Steve Howe reconoció un espíritu afín al de The Edge: otro músico decidido a evitar los clichés del blues en el rock. Entonces, Bono recordó el título del quinto álbum de la banda. «Es Close to the Edge, algo que roza el límite», dice. «¡El nombre de The Edge surgió precisamente de ese momento con el que he estado lidiando!». (Sentado a la mesa, The Edge no contradice esta afirmación, aunque anteriormente ha puesto en duda esta versión sobre el origen de su apodo).
Bono se dirige a The Edge. «Te debía una disculpa», dice, refiriéndose a «mi persistente —y probablemente hiriente— campaña para acusarte a ti y a otros de padecer una dolencia» —un término coloquial británico para referirse a una enfermedad— «llamada rock progresivo en vuestros peores momentos».
The Edge sonríe, haciendo que su cuidada perilla oscura se arrugue. «Solo quería señalar que Bono es totalmente partidario del rock progresivo cuando le conviene», comenta, citando los acordes y el arreglo de «The Tears of Things», del álbum Days of Ash, como «rock progresivo en su mejor versión». También revela que Bono compuso una introducción alternativa para el tema que abre el nuevo álbum, la cual está «fuertemente influenciada por Yes».
(Mullen, por su parte, sitúa todas sus raíces en el glam rock; lo más cerca que ha estado del rock progresivo es el único álbum de Blind Faith. En cuanto a Clayton: «No buscaba música interpretada por hombres en mallas», afirma. «Sabía que ahí no había nada para mí». Dicho esto, es fan de Tool).
Canciones de «Carnaval de Luz»
Toda esta conversación no fue una digresión tan caótica como parecía. Parte del atractivo de la música más reciente de U2 radica en que se ha liberado de las ataduras del formato de sencillo. Easter Lily concluye con el impactante e hipnótico tema «Coexist (I Will Bless the Lord at All Times?)», que dura casi siete minutos. La pieza nació de unos acordes de sintetizador de Eno, de pulsación suave, contenidos en un archivo que él había etiquetado como «Grandeza espacial melancólica». Bono improvisó sobre ellos, inspirándose en parte en «State of Independence». Esta canción es también una oración. La versión original duraba 17 minutos, y Bono consideró seriamente publicarla así. Lee lo convenció de dar marcha atrás: «Yo le decía: «Es muy bueno, pero la gente solo lo escuchará una vez»».
La cirugía de cuello a la que se sometió Mullen conllevaba riesgos. «Si hay que elegir entre la cabeza y el corazón, yo soy más de cabeza», afirma. «Analizo los cálculos, la lógica. Pero mi deseo de volver a jugar se impuso a todo eso».
El nuevo álbum rebosa ganchos pop, desde la canción abiertamente sexy «Glorify» («Mientras los cielos caen / Cariño, ¿acaso no nos pasa a todos?») hasta la animada «La Reina» («Escuchémoslo una vez más / Por el rostro del futuro») y pasando por el estribillo en falsete que se te queda grabado de «Superficiality» («La libertad es un sentimiento / Es algo que siento cuando estoy contigo»). Sin embargo, Bono reconoce que, tras Songs of Experience, por fin ha abandonado la idea de que U2 pudiera lograr otro gran éxito que dominara las listas de ventas. «Supongo que, cuando las listas de éxitos se hartan de ti, te defiendes diciendo: «Ah, en realidad nunca me interesaron»», comenta. «Aunque sabes que no es cierto… Yo quería escuchar nuestras canciones en la radio. Nada me emociona más… Cuando existía esa posibilidad, realmente quería crear una canción pop perfecta. De verdad que sí. Estuve cerca, pero no llegué a conseguirlo del todo. Conocí a gente increíble y aprendí de ella, pero no logré destilar todo eso en esa canción única. La definitiva. Simplemente no pude».
«Ahora», afirma, «la canción es su propia recompensa». Pase lo que pase con el nuevo álbum, añade: «No culpo a las canciones. Es simplemente el momento en el que nos encontramos… Es algo para unos pocos, no para las masas». Recuerda haber leído una entrevista con un Bob Dylan ya veterano en la que el bardo aceptaba que su música ya no estaba dirigida a las masas y declaraba que, sencillamente, se reafirmaría en ser él mismo. «Nadie es mejor siendo Bob Dylan que el propio Bob Dylan», dice Bono. «Nadie es mejor formando parte de U2 que The Edge, Adam, Larry y yo. Puede que otros quieran estar en U2, pero la verdad es que nosotros no lo hacemos nada mal».
Dicho esto, la banda está intentando preparar una versión para radio de la nueva canción favorita de Bono: «The Greatest Show on Earth», un tema de cinco minutos y medio. «Quizás sea nuestra mejor canción en mucho tiempo», afirma. «Fue una razón para seguir en la banda». Esta pieza épica de desarrollo gradual y dimensiones cinematográficas (dignas de IMAX) aborda una relación amorosa rota, lanzando de paso algunas críticas al nacionalismo cristiano («¿Es esta una iglesia de amor o de miedo? / ¿Hemos hecho que Dios se sienta aquí como un extraño?»). Busca capturar esa mezcla de éxtasis y desconsuelo melódico de «You’ve Lost That Lovin’ Feelin’», con un toque a lo Bertolt Brecht: «El amor es un negocio que opera de noche / Me vendí por menos de lo debido». Bono tenía el título en mente desde hacía tiempo, pero ver a Elvis Presley cantar «Lovin’ Feelin’» en la reciente película de conciertos de su amigo Baz Luhrmann le ayudó a dar con el concepto elegíaco de la canción: «Alguna vez fuimos el mayor espectáculo de la Tierra». «Puede que exista», comenta, sin poder evitarlo, «una versión que podamos llevar a la radio».
Mullen y Clayton se alegran de que la banda haya cambiado su forma de trabajar respecto a la etapa de Innocence/Experience, cuando iban pasando las canciones de un productor o coautor a otro, a menudo con estilos radicalmente distintos. «Era muy difícil cuando había tantos productores involucrados», dice Mullen. «¿Qué es entonces la banda? ¿Qué hace la banda? ¿Cómo funciona?… No sabía qué se suponía que debía hacer. Así que el ambiente en el estudio se reducía a sentarse y observar. Y yo no estoy acostumbrado a quedarme de brazos cruzados».
Durante aquel periodo, añade Clayton, «el sonido de la banda se volvió muy confuso, muy turbio. Ya sabes, sobregrabaciones de teclados y cosas por el estilo. En cambio, este disco se basó claramente en el deseo de que la banda sonara como si estuvieran todos juntos en una habitación tocando». También está repleto de líneas de bajo imponentes que impulsan las canciones. Clayton se apresura a atribuir a The Edge la composición de algunos de ellos, pero el guitarrista le devuelve el mérito. «Lo que siempre tengo claro es que, cuando Adam toca, la cosa cambia por completo», dice The Edge. «Puedo lanzarle una idea, pero es increíble cómo, cuando Adam y Larry tocan, todo gana un 50 por ciento en cuanto a profundidad, intensidad y personalidad».

Lee, quien trabajó en los dos últimos álbumes, vio cómo las canciones pasaban de mano en mano entre colaboradores dispersos por todo el mundo hasta que «terminas con una especie de monstruos tipo Frankenstein, con fragmentos de cosas, y el resultado no es gran cosa». Él mismo no se excluye de esto. «Yo, para mi vergüenza, no entendí el poder de Larry y Adam», admite.
The Edge opina que la banda se fue al extremo opuesto en dos ocasiones. Sostiene que, con No Line, el grupo «perdió de vista la composición de canciones como disciplina». En los dos álbumes siguientes, se desviaron «prácticamente la misma distancia, pero en dirección contraria», resultando «demasiado técnicos… demasiado precisos». Esta vez, «nada era sagrado. Nada estaba terminado hasta que realmente lo estaba». Aun así, le siguen gustando los dos últimos discos. «Creo que llegaron en un momento en el que U2 quizá no estaba tan de moda como antes, por lo que parte de ese trabajo tal vez haya pasado un poco desapercibido», comenta.
Mullen se da cuenta ahora de que toda esa lucha creativa, por frustrante que fuera, tenía un propósito. «La parte de mí que lleva la contraria pensaba: «Te lo dije, no hace falta esforzarse tanto»», cuenta. «El problema es que eso no es cierto. Lo correcto es esforzarse y asumir riesgos para llegar al otro lado». La lección, a su juicio, tiene menos que ver con el oficio de componer que con la identidad. «U2 no puede ser como los demás. Simplemente no podemos. No tenemos las habilidades para hacerlo. Siempre seremos —y tenemos que ser— una excepción a la norma… El camino tortuoso que llevó a este disco es precisamente eso: reconocer que la banda no es tan maleable como quizá hubiéramos deseado… Costó mucho llegar hasta aquí. Y es un reconocimiento a 50 años de trayectoria».
Gaza/Israel, ICE y Silencio
En un momento dado de las sesiones, apareció Barack Obama; ¿y por qué no iba a hacerlo? «Lo pasábamos bien, simplemente hablando de música, de Kendrick Lamar y de muchas películas», recuerda Lee. «Tiene buen gusto». Bono le hizo escuchar al expresidente una canción en proceso titulada «The Tears of Things» (Las lágrimas de las cosas). «Muchas veces no busca la opinión de alguien en concreto», añade Lee. «Se fija en qué sienten al escucharla; se nota cuando un verso no cala». Obama tenía algo más que una opinión: tenía observaciones. «Le señaló algo a Bono sobre el giro a mitad de la canción», dice Lee. «Hizo una observación muy válida. Es muy bueno».
La canción es, por decirlo suavemente, una apuesta ambiciosa: la visión elíptica de Bono sobre los milenios que condujeron a la situación en Gaza, con una mirada empática a la historia del pueblo judío, todo ello narrado simultáneamente por el David bíblico y por la estatua que Miguel Ángel esculpió de él. Hacia el final, clama: «Todos son mi pueblo / Deja ir a mi pueblo», y se pregunta: «¿Quién elegiría ser el elegido?».
«Es un intento de comprender lo que ocurre en un mundo donde nunca hemos necesitado tanto como ahora la fuerza moral del judaísmo», dice Bono. «Y, sin embargo, ¿qué está pasando?». No es la primera vez que condena el ataque de Hamás del 7 de octubre, calificándolo de «ofensa abominable». Pero le horrorizan especialmente las palabras de Itamar Ben-Gvir, el ministro de Seguridad Nacional de Israel —de extrema derecha—, y compara su retórica sobre Gaza («hay gente allí que no merece vivir; no deberían vivir; ni siquiera son personas») con la de Himmler.
«Como alguien que ha apoyado a Israel —dice Bono—, y que sigue apoyándolo —al igual que apoyo al pueblo palestino para que tenga su propia Palestina—, veo que hay todo este debate semántico sobre el genocidio; es un término jurídico sobre el que acabarán pronunciándose la CPI y la CIJ. Pero resulta que hay un tipo, un ministro del gobierno, que no está entre rejas… y Netanyahu dice: «Bueno, lo necesito para mantener mi mayoría»». Niega con la cabeza. «Muchas de las personas que han ampliado mi mente, transformado mi conciencia, hecho reír, roto el corazón con sus canciones o levantado el ánimo son judías. Y este tipo está dejando su religión en mal lugar… Es indignante». Israel, añade, «tiene que arreglar la situación. Debe reparar lo ocurrido en la Nakba llegando a acuerdos que algunos de ellos no quieren aceptar, y hacer lo justo. La justicia está en el corazón del judaísmo».
«La calma de «Tears of Things» esconde una rabia hirviente», concluye Bono. Era también una canción poderosa que no parecía encajar en el álbum que querían crear, y no era la única. Según los cálculos de Clayton, U2 tenía «25, 30, 35 o 40 piezas en fase de trabajo o consideración, y parecía una cantidad enorme para lograr pasar el filtro». Al principio, los miembros de la banda tenían en mente el ciclo de Carnaval, Cuaresma y Pascua, pero inicialmente pensaban que todo ello formaría parte de un mismo álbum.
A principios de este año, cambiaron de opinión. «Entre el material que teníamos había cosas que simplemente no encajaban con esa idea contrapuesta —alegre, carnavalesca y de celebración de la dimensión física del ser—», comenta The Edge. «Así que dije: «Lancemos unas cuantas canciones ahora. Tenemos estas canciones terminadas que probablemente no verían la luz, y tienen sentido». Entonces Bono dice: «Sí, tienen sentido en esta época del año». Faltaban semanas para el Miércoles de Ceniza. «Tiene todo el sentido. Hagámoslo. Yo pensaba en una o dos canciones. Él dice: «No, hagamos, digamos, seis»».
«Una vez que metimos a Larry en la sala, todo empezó a cobrar sentido de verdad», dice The Edge. «Todas mis preguntas e inseguridades… todo empezó a encajar».
Lee estaba a punto de regresar a casa con su familia para tomarse un descanso. En cambio, él y la banda comenzaron a trabajar con una intensidad casi frenética. «Piensas: «Vaya, esto podría ser una idea terrible». Porque es algo que altera todos los planes, solo tenemos unos días para terminarlo y aún nos faltan dos canciones por escribir. Así que hay mucho en juego; realmente tenemos que empezar a trabajar jornadas de 18 horas, siete días a la semana, durante las próximas dos semanas para lograrlo».
The Edge comenzó a componer la música de «American Obituary» —tema que lamenta la muerte de Renée Good a manos de un agente del ICE— apenas cuatro semanas antes de su lanzamiento. Antes de terminar la letra, Bono organizó una videollamada por Zoom con tres generaciones de la familia de Good: «las mejores personas que uno podría conocer». «Como letrista principal, solo quería asegurarme de que estuvieran de acuerdo con ello», comenta. «Y el padre, cuando llegué a la parte que dice «Estados Unidos se alzará contra la gente de la mentira», me preguntó de dónde había salido esa frase. Le dije: «Es de un libro que me regaló Edge, escrito por M. Scott Peck en los años ochenta»». El padre de Good señaló el mismo libro en su estantería. «Lo extraordinario de estas personas es que intentaban hacerme sentir cómodo». La pareja de Good le confesó a Bono que reza por el agente del ICE que le disparó a ella, lo cual inspiró el verso: «Te amo más de lo que el odio ama la guerra».
Lanzaron el EP Days of Ash sin previo aviso ni grandes aspavientos; básicamente, lo incorporaron discretamente a las plataformas de streaming. Fue exactamente lo opuesto a lanzar un álbum directamente en todos los iPhone del mundo. «Tuvimos un percance importante hace unos años», dice Clayton con una sonrisa. «Y no queríamos repetir ese error. Nos gustaba la idea de publicarlo de tal manera que la gente no pensara que se trataba de un álbum de relleno».
«Estamos ocultando nuestro nuevo álbum», dice Bono. «Me sorprendió que todos aceptaran la idea».
Apenas se habían recuperado cuando el líder de la banda propuso un segundo EP para Pascua. La carrera contrarreloj comenzó de nuevo. «Surge otro tipo de urgencia», comenta Lee. «Y entonces decimos: «No podemos volver a hacerlo». Pero creo que lo hicimos, y creo que posiblemente mejor. Cuando todos reman en la misma dirección, puede ser algo muy poderoso, especialmente con U2, porque Bono es una fuerza imparable cuando se deja llevar por esa energía».
Últimamente, más que nunca, Bono ha estado reflexionando sobre el mal. Le impresionó la reciente adaptación teatral de Simon McBurney de El maestro y Margarita (el libro que inspiró a Mick Jagger a escribir «Sympathy for the Devil»), en la que Satanás prospera en una Moscú donde nadie cree en su existencia. «Sea lo que sea, llámalo como quieras. No sé qué es», dice Bono. «Pero algo se ha instalado en el ambiente. Todo lo que tú y yo consideramos sagrado —porque probablemente habríamos ido a los mismos conciertos; quizá hubiéramos discutido sobre Rush, aunque en realidad no—, gran parte de lo que consideras sagrado está amenazado».

El diablo, «un ladrón suelto en un carnaval de almas», es también un personaje en la canción más feroz del álbum, que acaba de lanzarse como sencillo. Tras los EP, los miembros de la banda se dieron cuenta de repente de que habían agotado algunas de las pistas del álbum y necesitaban más. Una de las últimas canciones que crearon fue «Silencio». A Lee le preocupaba que el álbum fuera «potencialmente un poco tenue», así que The Edge rescató un riff de guitarra agresivo y abrasador que había guardado de la época de Songs of Innocence. «Realmente pensamos: «Necesitamos algo con esa energía»», comenta The Edge. «Y todos reaccionaron igual: «Vaya, trabajemos en ello». Y la canción surgió muy rápido».
«En el silencio», canta Bono, «el diablo hace rock and roll». Pero la letra distingue entre dos tipos de silencio. «Existe un silencio hermoso, que es, ya sabes, cuando te encuentras en ese estado de reflexión; no hay nada malo en ello», dice The Edge. «Pero existe otra forma de silencio, una especie de censura —o autocensura—, y ahí es donde las cosas pueden volverse muy peligrosas».
«Seguro que conoces el ensayo de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal», dice Bono. «Pues eso es lo que ocurre en el silencio. Literalmente, de eso trata la canción».
El regreso de Larry
Una vez que decidió no participar en los conciertos de la Sphere, Mullen se propuso someterse a una operación de cuello. Sin embargo, los médicos ni siquiera querían hablar del tema, y mucho menos aceptar realizar la intervención. No había garantías de que la cirugía funcionara, pero eso era lo de menos; existía una posibilidad, pequeña pero real, de que Mullen quedara paralizado. «La gente no quiere correr riesgos», comenta. «La mayoría me decía: «¿Sabes qué? Has logrado cosas increíbles. Simplemente retírate. Navega hacia el horizonte. ¿Por qué te haces esto a ti mismo?»». La familia de Mullen también se oponía a la idea. Le pregunto qué les respondió y él se encoge de hombros: «Ignorarlo».
Llámalo heroico, insensato o el más extremo de los muchos actos de fe de la banda, pero Larry Mullen Jr. estaba dispuesto a correr el riesgo. Así de importante es U2 para él. «Curiosamente, no hubo ni un momento en que lo cuestionara», comenta. «Soy alguien que reflexiona bien las cosas. Si hablamos de cabeza y corazón, yo soy más de cabeza. Analizo, aplico la lógica. Pero mi deseo de volver a tocar se impuso a todo eso… Es solo cuando te enfrentas a la posibilidad de no poder hacer aquello que amas, lo que has hecho durante la mayor parte de tu vida… Es curioso lo que hacen el cerebro y el cuerpo. Entran en un modo diferente».
Finalmente, una joven neurocirujana de Dublín aceptó realizar la operación. Mullen se mostró agradecido, aunque desconcertado cuando ella le dijo que asumiría el riesgo porque él era «un tesoro nacional». «Pensé: «Mierda, ok. Ahora sí que todo se está yendo al carajo»», cuenta. «Podría acabar siendo un tesoro nacional sin trabajo».
La cirugía salió bien y, al cabo de tres o cuatro meses, Mullen se sentó a la batería. «Y me di cuenta de que tocaba de otra manera», dice. «Todo era distinto. Mi cuerpo no funcionaba igual que antes». Sabía que baterías como Max Weinberg habían buscado clases tras sufrir lesiones para reajustar su técnica, pero él no se imaginaba siguiendo ese camino. Su único profesor de batería, un músico de jazz de Dublín, intentó brevemente enseñar al joven Mullen a tocar como el virtuoso Steve Gadd. No funcionó. «Creo que acabé con la paciencia del hombre», dice. «Soy imposible de enseñar».
En su lugar, volvió a lo básico, retomando la forma «más eficiente» de tocarlo todo. «Con el paso de los años, tiendes a adelantarte a ti mismo», comenta. «Basta con una lesión en el cuello para devolverte a ese punto. Porque ahora ya no cuentas con todo lo que habías aprendido: esos pequeños movimientos ágiles, esas destrezas. Ya no puedes apoyarte en ellos».
Cuando se sintió listo, envió un mensaje a sus compañeros de banda. (Curiosamente, no existe un chat grupal que incluya a toda la banda de U2. «Aún no lo hemos hecho», comenta Mullen. «Definitivamente deberíamos tener uno»). Se reunieron para una sesión en el estudio de su amigo Julian Lennon, no muy lejos de la casa de vacaciones que Bono y The Edge poseen aquí, en el sur de Francia. «Me senté tras la batería», recuerda Mullen. «Literalmente, fue como subirme a un coche y meter primera. Simplemente empecé a conducir… Llevaba unos años sin tocar. No sabía si eso —esa chispa creativa— seguía ahí. ¿Había muerto en mí? No lo sabía». Lo dio todo en la pista. «Miré hacia el estudio y vi que la banda parecía pensar: «Vale, esto no es lo que esperábamos». Y yo pensaba: «Yo tampoco me lo esperaba»».
Una segunda sesión en el mismo lugar dio como resultado «Street of Dreams»; la versión que aparece en el álbum es, según Clayton, «prácticamente lo que tocamos juntos». «Así que fue un primer paso muy positivo», afirma.
«Eso es lo peligroso de esta banda», dice The Edge. «Nuestra próxima canción, nuestro próximo álbum, podría ser el mejor de todos, y lo percibimos».
«Una vez que tuvimos a Larry en la sala, todo empezó a cobrar sentido», dice The Edge. «Todas mis dudas e inseguridades… todo empezó a encajar».
«Desde las primeras sesiones con Larry tras su regreso, me di cuenta claramente de que tocaba de otra manera», comenta Bono. «Con más autoridad, por así decirlo. Pero con un espíritu lúdico. Muy lúdico».
En «Days of Ash», se sustituyó alguna que otra parte de batería acústica por una caja de ritmos. «Antes habría dicho: «¡Mierda!»», admite Mullen. «Esta vez pensé: «Ha funcionado muy bien. Era lo correcto»… No necesito estar presente en todo».
«El Larry de antes solía vetar cosas constantemente», señala Clayton. «Este nuevo Larry… es mucho más flexible. Más afable. Respeta mucho más el compromiso de los demás con algo».
«Estoy trabajando en el «no» positivo», bromea Mullen, aunque sabe que su antiguo papel conllevaba riesgos. «Al que lleva la contraria pueden tacharlo de villano, y yo lo sentía así. Sentía que siempre estaba en la cuerda floja. Creo que cada uno tiene su papel… Está el tipo —el personaje de Bono— que quiere forzar la situación y decir: «Así es como se van a hacer las cosas». Hace falta algo de eso. Y ahora lo reconozco. Sin eso, no haría falta alguien que lleve la contraria, ni un pacificador, ni alguien que se preocupe por la estética».
Más discos y Brian Eno
La banda está planeando una gira por estadios aún no anunciada y acaba de empezar los ensayos; Mullen está tocando las canciones antiguas por primera vez desde la operación. Clayton cree que Mullen las aborda de forma distinta, aunque quizá no sea nada nuevo. Antes de tocar «Pride (In the Name of Love)», el batería comparó la versión de estudio con varias actuaciones en directo y se dio cuenta de que nunca sonaba exactamente igual de un año a otro. Luego, al escuchar una grabación de los ensayos recientes, se llevó una «grata sorpresa al comprobar que no sonaba anticuada». No está seguro de cuánto tiempo podrá tocar cada noche durante la gira, ni de cómo responderá su cuerpo. «Aunque no pueda tocar dos horas y media, si logro tocar una hora, es suficiente», afirma. «Me ha ido tan bien que acepto eso de buen grado».«Solo rezo para que todos estemos bien», dice Bono. «Y para que Larry, de entre todos nosotros, mantenga su buena forma física».
A la mañana siguiente de la comida del grupo, The Edge ya estaba trabajando en otra canción nueva. «Es más o menos lo que hago», comenta encogiéndose de hombros. «Cuando toco la guitarra, simplemente veo adónde me llevan los acordes y pienso: «Esto podría ser una canción». No me planteo necesariamente si soy capaz de tocar escalas; eso no me interesa tanto». Está sentado bajo una sombrilla en la terraza de la espectacular casa de verano que comparte con Bono, no muy lejos del restaurante. Hoy lleva una camiseta gris, además de la misma gorra de béisbol negra y la cadena de siempre. A sus pies hay baldosas de terracota; detrás, un pino retorcido se arquea hacia el mar.
La canción en la que trabaja hoy tiene mucha compañía en sus archivos. Su teléfono almacena más de 11.000 notas de voz, muchas de ellas ideas musicales. «La verdad es que resulta un tanto difícil llevar la cuenta de las que son realmente prometedoras», admite, «pero es curioso cómo, la mayoría de las veces, las recuerdas… o recuerdas conservarlas».

En conjunto, U2 cuenta con un vasto repertorio musical que está bastante avanzado. Incluso tras publicar todos los temas actuales, quedan descartes de Carnaval que les encantan, como «Get Back to Now», cuya letra se inspira en el tiempo que Bono pasó en Hanói. Lee cuenta que The Edge solía tener dos pizarras blancas durante las sesiones de grabación: una para el proyecto en curso y otra con una lista de «otros cinco álbumes; y piensas: «¡mejor terminemos primero este!»… Podría haber un disco acústico, uno electrónico… Siempre van surgiendo canciones». The Edge comenta que tiene en su ordenador «unas ocho carpetas de distintos proyectos o proyectos paralelos», incluida una titulada Songs of Ascent, ese álbum acústico e introspectivo del que la banda lleva hablando desde que Bono me lo mencionó por primera vez en 2009. «Ahí hay un montón de canciones que sin duda podríamos recuperar», afirma The Edge.
Al principio del proceso de creación de este álbum, Bono y The Edge pasaron cinco días con Brian Eno en un estudio de demos de una sola sala en Enniskerry, al sur de Dublín, con Lee a los controles técnicos. De allí salieron 40 piezas musicales que dieron lugar a tres canciones de Carnaval y a «Coexist», de Easter Lily. «Fue una locura», dice Lee. «Brian trabaja muy rápido, o tal vez cabría decir que no trabaja en absoluto: simplemente aparece y, de repente, surge algo».
La idea original era retomar su proyecto paralelo con Eno, que dio lugar a un único álbum en 1995. «Hablamos de ello como de un álbum de Passengers», comenta The Edge. «Pero no sabíamos dónde acabaría. Pensamos que a Brian le gustaría que esas piezas terminaran en un disco de U2, y resultó que le encantó la idea». Tanto él como Bono siguen teniendo intención de publicar de alguna forma el resto de la música creada con Eno (el cantante está especialmente entusiasmado con un tema conocido como «The Clapping Song»), así como el proyecto paralelo de música acústica celta.
Sin embargo, en lo que respecta a la gira de estadios —que mantienen en secreto—, ya tienen demasiada música. The Edge tiene previstas «unas 11» canciones nuevas —tanto del álbum como de los EP— para el repertorio de la gira. Bono se muestra más cauteloso a la hora de dar demasiado protagonismo al material nuevo en los estadios y sugiere una idea vaga: organizar conciertos en recintos más pequeños y distintos durante la gira para destacar esas canciones; «una forma de encontrarnos con nuestros fans en la ciudad, en otro tipo de teatro del que tampoco puedo dar detalles». Mullen, por su parte, opina que la idea del teatro es «genial en teoría, pero llevarla a la práctica podría resultar algo más complicado». Tienen una idea clara de un concepto único para el diseño del escenario, y Bono incluso sabe qué canción le gustaría que abriera el espectáculo.
El futuro
En 2010, Clayton me confesó que le costaba imaginarse tocando rock más allá de los 65 años. Ahora tiene 66 y, desde su casa de vacaciones —una impresionante estructura ultramoderna construida desde cero a pocos kilómetros de allí, en la costa—, comenta que sigue reflexionando sobre la edad y las limitaciones. «Siento que he tenido la bendición de gozar de una salud excelente», afirma. «Pero ves lo que pasó hace poco con Dolly, que falleció a los 80 años… y, cuando este ciclo termine, yo probablemente tendré 70. Ese tiempo de buena salud es valioso. Es, posiblemente, la etapa más valiosa de la vida».
Menciono lo obvio: que los Rolling Stones siguen en activo a sus ochenta años. «Creo que ellos son una anomalía dentro de lo que es el negocio de la música», comenta. «Hay cierto espíritu de Peter Pan en Jagger y en lo que hacen los Stones. No creo que nosotros transmitamos lo mismo. Creo que, en el fondo, nos comportamos de una manera más acorde a nuestra edad. Y lo digo en el mejor de los sentidos». Últimamente, añade, tanto él como muchos de sus amigos han estado pensando en «simplificar la vida. Todos hemos llevado vidas ajetreadas y llenas de cosas. Ahora parece que ha llegado el momento de desprenderse de lo superfluo».
Entonces, ¿se imagina Clayton a U2 tocando a los ochenta años? «Bueno, nunca se puede decir nunca… Quizás todos estemos afrontando las cosas de manera diferente. Y, gracias a la química y a la historia de esos más de cincuenta años, sabremos movernos y adaptarnos a ello. ¿Me imagino haciendo esto cuando tengamos ochenta años? No lo sé. No lo sé».
The Edge no tiene tales dudas. «No veo por qué no», afirma. «Yo haría una distinción entre la edad cronológica y la edad biológica». Sonríe al enterarse de las dudas de Clayton. «Creo que Adam siempre se consideró una persona mayor joven», comenta. «Y yo, ahora, siempre me veo como una persona joven mayor… Eso es lo peligroso de esta banda. Nuestra próxima canción, nuestro próximo álbum, podría ser el mejor de todos, y lo percibimos así».
Mullen, por su parte, tampoco está por la labor de llevar la contraria. «Después de este disco, y de la experiencia que ha supuesto, creo que es algo que merece la pena esperar con ilusión», dice. «Me parece increíble tener eso en el horizonte: saber que siempre, sean cuales sean las circunstancias, nos reuniremos en algún lugar para construir la iglesia… Creo que todos hemos crecido y cambiado; ahora entendemos algo que antes no comprendíamos: que U2, en su forma original, tiene un valor auténtico. Vale la pena luchar por ello. Y también vale la pena hacer concesiones por ello».
Nuestra conversación llega a su fin, pero Mullen tiene una pregunta propia. «Entonces, ¿dijo Bono algo bueno sobre mí?».
Así fue.
«Ok, eso está bien», dice Mullen, sonriendo. «Solo quería asegurarme».
